Colombia no se arrodilla ante las FARC

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Los colombianos rechazaron el chantaje de las FARC. El vergonzoso acuerdo entre Santos y las FARC habría dejado impunes los crímenes de los narcoterroristas.

(ArgentinosAlerta.org) El pronóstico en las encuestas antes del plebiscito fue unánime: el "sí" tenía una ventaja de varios puntos, incluso decenas, lo que hacía casi imposible presagiar el triunfo del "no" en la votación del domingo.

Toda la prensa, nacional e internacional, famosos, opinadores, organismos internacionales, mandatarios de todo el mundo etc. se posicionaron a favor del acuerdo cómo la única manera de alcanzar la paz. Incluso todas las encuestas apuntaban a una abrumadora victoria del ‘SÍ’.

La victoria del ‘NO’ recibió el 50,23 por ciento de los apoyos, a pesar de que la campaña por el ‘SÍ’ contó con todo el apoyo del aparto estatal.  Según datos oficiales de la Procuraduría de Colombia correspondientes al 99,64 por ciento del recuento, el ‘No’ ha logrado 6.424.385 votos, por delante de los 6.363.989 votos del ‘Sí’, que suponen el 49,76 por ciento del total. Sorprende los datos de participación, con una abstención del 63% (la más alta en 22 años).

Los resultados mostraron una amplia diferencia entre las ciudades del interior y las de la periferia. Además, sorprendió que las regiones más afectadas por la violencia no apoyaran con unanimidad ninguna de las dos posiciones.

Plan de paz o chantaje

Colombia acudía a las urnas a votar un chantaje, no un plan de paz, pues sólo puede calificarse como una forma de extorsión que se pretenda someter a todo un pueblo a los caprichos de una banda de criminales señalando que, de no aceptar las abusivas condiciones de las FARC, el resultado sería que éstas siguiesen matando.

El vergonzoso acuerdo entre Santos y las FARC habría dejado impunes los crímenes de los narcoterroristas, que han amasado una enorme fortuna mediante el tráfico de drogas, los secuestros y otro tipo de crímenes.

Una fortuna ilícita que las FARC no tendrían que invertir en compensar a los familiares de sus más de 200.000 víctimas, pues ese deber lo asumiría el Gobierno con el dinero del contribuyente, según lo pactado.


Timochenko, Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe

Las FARC habrían tenido 10 escaños aunque la gente no les votase

Los acuerdos, además, no comprometían esa fortuna obtenida por las FARC mediante medios ilícitos, de modo que las FARC podrían servirse del dinero conseguido con sus crímenes para convertirse en el más rico de los partidos colombianos.

Pero por si los ciudadanos de ese país -conocedores del largo historial de crímenes de esa banda criminal marxista- decidían no votarles, Santos aseguró a las FARC 5 escaños en el Congreso y 5 en el Senado durante dos legislaturas (ocho años) aunque no tuviesen los votos necesarios.

A todo lo anterior hay que añadir que, según el propio contenido de los acuerdos tal como ha denunciado el expresidente colombiano Andrés Pastrana, las FARC seguirían siendo un poderoso cártel de la droga, pero con la ventaja de no afrontar la persecución de la que han sido objeto por parte del Estado colombiano.

Se habrían formado tribunales con presencia de los terroristas

El acuerdo entre Santos y las FARC era una repugnante bajada de pantalones de un país democrático ante una banda de asesinos y narcos de ideología ultraizquierdista, hasta tal punto que Pastrana lo tachó, con razón, de “golpe de Estado”.

A modo de ejemplo, y según ha denunciado el expresidente, en el tema de la justicia estaba previsto crear tribunales que “la mitad los van a conformar la guerrilla y la otra el gobierno”. Pastrana puso un ejemplo de lo que significaría algo así en España si se aplicasen aquí esos acuerdos: ¿Usted se sometería a un tribunal en el que la ETA configura la mitad del tribunal y el Gobierno de España la otra mitad para que le juzguen a usted?

Los colombianos han dicho ‘no’ a que su país se humille ante las FARC

Una democracia no puede ponerse de rodillas ante cualquiera que amenace con matar a inocentes. La mayoría de los colombianos han entendido esta verdad que otros países, lamentablemente, han olvidado. Con ello, los colombianos nos han dado una lección de dignidad y de libertad.

El resultado de este referéndum podría implicar que las FARC vuelvan a matar, pero el Estado tendrá que afrontar ese reto como debe hacer todo Estado de Derecho: persiguiendo a los criminales y llevándolos a prisión, o abatiéndolos si no queda más remedio para evitar que sigan haciendo daño.

Si en su lucha contra el crimen necesitan el apoyo exterior, habrá que volcarse en apoyarles. Lo que no tendría ningún sentido es que Colombia viva un desfile de mandatarios extranjeros para bendecir su rendición ante las FARC, y no cuente con la ayuda de esos mismos mandatarios cuando se trata de combatir al crimen.

Las preguntas que Santos no logró responder

 La campaña encabezada por Juan Manuel Santos a favor del acuerdo negociado nunca consiguió responder de forma convincente las dudas planteadas por la oposición, crítica de los beneficios que recibirían los guerrilleros desmovilizados.

"¿Por qué un guerrillero va a recibir un subsidio de 1.300.000 pesos? (450 dólares) ¿Y yo qué? Yo gano 700.000 pesos (242 dólares) y nunca maté ni secuestré a nadie", era una de las frases más repetidas por gente de a pie en referencia a la ayuda económica que el gobierno le iba a entregar a los miembros de la guerrilla para que se reintegraran a la sociedad.

"¿Por qué los guerrilleros no van a ir presos? Si quieren dejar las armas que las dejen. Si quieren entrar en política que entren, pero que primero vayan a la cárcel", era la segunda gran piedra en el zapato para los impulsores del "sí". En redes sociales, los críticos del proceso difundían la imagen de "Timochenko", jefe de las FARC, portando la banda presidencial, como símbolo de la participación política sin restricciones que podrían tener.

El acuerdo creaba un espacio judicial especial, en el que quienes confesaran sus delitos iban a sufrir pena de "restricción de libertad", una figura que no lograba garantizar penas efectivas para los desmovilizados. El propio Santos admitía esta situación apelando a figuras tales como "si queremos que los guerrilleros vayan 40 años presos, nunca alcanzaremos la paz". 



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