Indiferencia de Occidente ante el asesinato de Misioneras de la Caridad por terroristas islámicos

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Los terroristas asesinaron a cuatro hijas espirituales de la Madre Teresa que trabajaban en un centro de ancianos y discapacitados en Yemen.

(Actuall / ArgentinosAlerta.org) Las cuatro religiosas (dos de Ruanda, una de Kenia y otra de India) fueron asesinadas junto a otras 12 personas en un ataque a una residencia de ancianos en Yemen, donde trabajaban como enfermeras. Las mujeres pertenecían a las Misioneras de la Caridad, una congregación religiosa católica fundada en los años 50 por la Madre Teresa de Calcuta.

El ataque perpetrado el pasado 5 de marzo en la ciudad yemení de Adén, fue llevado a cabo por extremistas musulmanes que acusan a la congregación de hacer proselitismo cristiano, según informó la agencia de prensa del Vaticano Fides.

En Yemen los cristianos no llegan a los 10.000, la mayoría de ellos extranjeros. El 99% de la población es musulmana y los islamistas dominan una parte del territorio.

A pesar de todos estos impedimentos y dificultades, las hijas espirituales de la Madre Teresa allí estaban. Dando su vida por los demás, por los pobres, enfermos, discapacitados y ancianos. Y las cuatro misioneras de la caridad murieron por amor, por amor a aquellos a quienes servían. De otro modo, nunca habrían ido a un lugar donde el enemigo les tuviera como objetivo.

Las religiosas murieron haciendo un servicio en el que no buscaban más premio que el cielo pues sabían que difícilmente encontrarían un reconocimiento en esta tierra.

Las religiosas han trabajado siempre en silencio, sin hacer ruido, muy al contrario de los agitadores que en Occidente viven obsesionados con las cámaras y los micrófonos para que los reporteros publiciten el cómo evitan un desahucio, denuncian a un banquero o gritan contra el cambio climático…

Las religiosas murieron haciendo un servicio en el que no buscaban más premio que el cielo pues sabían que difícilmente encontrarían un reconocimiento en esta tierra. Su muerte ha vuelto a poner de nuevo en el panorama mediático la persecución a los cristianos en numerosos lugares del mundo pero cuyas consecuencias apenas llegan a los hogares de Occidente.

Papa Francisco: “Estas hermanas no son noticia, no aparecen en los periódicos pero dan su sangre por la Iglesia”

El Papa Francisco sí ha querido resaltar este aspecto durante el Angelus de este domingo. “Estas hermanas no son noticia, no aparecen en los periódicos pero dan su sangre por la Iglesia. Son víctimas no sólo de quienes les asesinaron, sino también de la indiferencia”.

Por ello es de justicia conocer el nombre de estas cuatro religiosas que engordan el ya de por sí largo libro de los mártires. Son sor Anselm, de la India; sor Marguerite de Ruanda; sor Judit de Kenia; sor Reginette, originaria de Ruanda.

“Que la Madre Teresa acompañe al Paraíso a estas sus hijas mártires de la caridad e interceda por la paz y el sagrado respeto por la vida humana”, añadió el Papa, levantando un fuerte aplauso entre las miles de personas que le escuchaban desde la Plaza de San Pedro.

¿Por qué esta indiferencia? Hay que remontarse a los inicios del cristianismo para poder encontrar una persecución de tal magnitud. Desde China y el resto de países bajo el yugo del comunismo a los países de mayoría musulmana en los que los cristianos están siendo masacrados.

Cada cinco minutos un cristiano es asesinado en el mundo pero este escándalos dato aún no ha merecido un programa temático en las grandes televisiones. Es un tema que no existe hasta que una masacre consigue sobrepasar las barreras de la indiferencia. Después se vuelve al olvido hasta que de nuevo un ataque con consecuencias catastróficas consigue despertar la conciencia del adormecido primer mundo.

Y es que Occidente navega a la deriva. No sólo ha olvidado sus raíces cristianas sino que se ha empeñado en acabar con ellas. Ha iniciado un suicidio colectivo pues está destruyendo todo aquello que le ha llevado al verdadero progreso. Ahora el cristianismo ha sido sustituido por el relativismo.

Como consecuencia, también en Occidente se está imponiendo una dictadura laicista. Los cristianos son vilipendiados, sus símbolos ultrajados y en Europa sus templos comienzan a ser atacados con una frecuencia hasta ahora desconocida. Y aunque no mueren como sus hermanos de Oriente también existe indiferencia en países como España ante estos ataques. Muchos de los partidos no sólo no condenan los ataques sino que los amparan. Ante esta tesitura, es comprensible que tampoco presten atención a los cristianos que mueren en países lejanos.

Los cristianos de Occidente debemos aprender de la fe de las misioneras asesinadas y de su espíritu de servicio. Y los laicistas también deberían aprender que la fe puede ser inquebrantable y que por muchos ataques que realicen no conseguirán vencer. Si ellos atacan, la Iglesia seguirá sirviendo al prójimo, ayudando al necesitado y atendiendo al enfermo porque no puede traicionarse a sí misma.

El vicario Apostólico de Arabia del Sur, Paul Hinder, ha contado una de las oraciones que las religiosas rezaban cada mañana después de misa y antes de iniciar su jornada. Fue la que elevaron antes de morir como mártires.

Señor, enséñame a ser generoso.
Enséñame a servirte como lo mereces;
a dar y no calcular el costo,
a luchar y no prestar atención a las heridas,
a esforzarme y no buscar descanso,
a trabajar y no pedir recompensa,
excepto saber que hago tu voluntad.

El vicario apostólico indicó que las hermanas murieron como mártires. “Fueron mártires de la caridad, mártires porque testimoniaron a Cristo y compartieron el puesto de Jesús en la Cruz”.

 


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