Más garantismo: quieren que delincuente y víctima resuelvan su "conflicto"

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La corriente de pensamiento que promueve la "Justicia Restaurativa" propone que el delincuente y la víctima tengan un encuentro cara a cara para llegar a un acuerdo bilateral ante el "conflicto".

(ArgentinosAlerta.org) La filósofa Diana Cohen Agrest comenta en La Nación sobre otro peligroso intento de abolir las penas en el marco del garantismo abolicionista. Informa sobre la creación del Servicio de Justicia Restaurativa dentro del Servicio Penitenciario Federal por iniciativa de su director, Emiliano Blanco.

La corriente de pensamiento que promueve la "Justicia Restaurativa" propone que el delincuente y la víctima tengan un encuentro cara a cara para que lleguen a un acuerdo bilateral ante el "conflicto".

El garantoabolicionismo acusa al modelo punitivo de no ser un modelo de solución de conflictos reparador horizontal, sino de decisión vertical del poder: la respuesta al crimen, alegan, no debería ser el castigo, sino un proceso de mediación o reparación conciliada entre las "partes", devolviéndoles el manejo de su propio "conflicto".

Por cierto, una propuesta reconciliatoria puede funcionar en disputas contravencionales, porque es posible mediar cuando existe un conflicto vecinal por ruidos molestos.

Pero no lo es cuando involucra un homicidio en el que ya no se dirime un conflicto privado entre individuos. Y en ese escenario, se omite que esa reconciliación es un acto imposible, pues la víctima directa, la única que puede perdonar, ya no puede hacerlo.

Cohen Agrest subraya que hoy se pretende imponer una justicia restaurativa que carece de legitimación social en el país, al procurar la reparación del daño consumado a través de una relación transaccional entre el ofensor y los enlutados.

No sólo eso: se supone falazmente que en un proceso el victimario y los enlutados litigan en igualdad de condiciones, como si se tratase de un solo problema para ambas partes, cuando es el victimario quien inició la serie causal en la cual una víctima hoy ausente y los deudos son involucrados sin elección alguna.

En particular, cuando se trata de crímenes gravísimos, donde la restitución del bien de la vida ya no es posible, la insistencia en instrumentos restaurativos no sería sino una revictimización institucional, pues supondría que la víctima indirecta debería reconocer como un par -condición básica de toda negociación- al victimario.

Partiendo de la falacia de que los delitos son el producto del sistema penal, el garantoabolicionismo nos ha sumido en un círculo perverso de marginalidad-delito-ausencia de debida sanción-marginalidad. Se trata, entonces, de superar ese círculo vicioso. En lugar de avalar la liberación y la probada reincidencia de los delincuentes mediante el recurso de la justicia restaurativa, se debe contar con la presencia de un Estado que imponga la ley con conciencia de que, desde el acto perpetrado por el "ofensor", no existe paridad de condiciones entre aquel que mató y aquel cuya vida fue robada.

A modo de ejemplo, Cohen Agrest cita el caso de una mujer colombiana que un buen día recibió una llamada desde la cárcel. Del otro lado de la línea se escuchó la voz de un miembro de las FARC que había asesinado al hermano de la mujer diez años atrás, y le pedía que asistiera a una audiencia de reconciliación con el fin de que el condenado pudiera gozar del beneficio de reducción de la pena. La atribulada mujer, tal vez por ignorancia o por temor a las represalias, asistió a la audiencia: allí tuvo que escuchar los vejámenes y torturas a los que había sido sometido su hermano antes de morir.

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