Yihadismo global: de Al Qaeda al Estado Islámico

Versión para impresiónEnviar a un amigoPDF version

Un pormenorizado informe sobre el nacimiento del Estado Islámico y la expansión global de yihadismo.

(MasLibres / ArgentinosAlerta.org) Cuando en mayo de 2011, un comando de los Navy Seal mató a Osama Bin Laden en su refugio de la ciudad pakistaní de Abbottabad y arrojó su cuerpo al mar, muchos en Occidente pensaron que la guerra contra el islamismo radical, que comenzó con el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York, había llegado a su fin.

La caza del terrorista más buscado coincidió además con el surgimiento de las llamadas “primaveras árabes”, que pronto despertaron las simpatías de la opinión pública occidental. El derrocamiento de los regímenes de Túnez, Egipto y Libia alentó la esperanza de los biempensantes: la democracia, por fin, venía a instalarse en el mundo árabe.

El nacimiento del Estado Islámico

La realidad no tardó en disipar el sueño. La revolución de Siria, que pretendía derrocar el régimen del tirano Bashar al Asad, desembocó en una espantosa guerra civil en la que los rebeldes demostraron tanta crueldad como sus enemigos del gobierno.

En medio de encarnizados combates en Alepo y Raqqa, barrio a barrio, cuerpo a cuerpo, recuperó su fuerza una organización terrorista vinculada a Al Qaeda. Había tenido un sangriento protagonismo durante la invasión de EEUU a Irak en 2003, pero tras la muerte de su líder Abu Musab al-Zarqawi, y de su sucesor Rashid al-Baghdadi, se encontraba muy debilitada. Los éxitos militares de la entonces llamada ISI (Estado Islámico de Irak) junto al frente al Nusra, la rama de Al Qaeda en Siria, ensalzados por la propaganda rebelde, hicieron crecer en número y en capacidad de combate a un ejército que ya contaba con un nuevo líder: Abu Bakr al-Baghdadi.

En abril de 2013, Abu Bakr anunció la fusión de las milicias en Irak y Siria y las bautizó como Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS, por sus siglas en inglés). Los líderes del frente al Nusra, que habían luchado contra al Asad, rechazaron la decisión. Pero los combatientes leales a Abu Bakr lo siguieron en su empeño yihadista.

El éxito definitivo les llegó con la expansión por territorio iraquí. Aprovechando la debilidad interna del gobierno de Irak y con el apoyo de milicias tribales, ISIS conquista las ciudades de Faluya y Mosul. A mediados de 2013, con una extensión de 40.000 kilómetros cuadrados bajo control armado entre Siria e Irak, rompe lazos con Al Qaeda, declara el Califato y adopta definitivamente el nombre de Estado Islámico.

Abu Bakr al-Baghdadi es el líder político y religioso del autoproclamado Califato, que gobierna de acuerdo con la ley islámica o Sharia y pretende recibir el apoyo total del mundo musulmán. Desde su creación, el Califato alienta a otros grupos terroristas a someterse al poder de su califa, venerado como el nuevo líder del yihadismo globalizado.


La expansión del yihadismo global

Nadie parece ya discutir el hecho de que el yihadismo está ampliando su radio de acción en el mundo, especialmente en África, pero también en otras zonas como Oriente Medio, el Sudeste asiático e, incluso, Europa.

La organización yihadista que más ha favorecido ese empuje ha sido el Estado Islámico. Sus éxitos militares y sus redes de captación en Europa, engrandecidos por su capacidad de exportar terror a Occidente a través del genocidio sistemático de minorías religiosas, salvajes asesinatos y masacres grabados en vídeo, ha restado protagonismo a otras franquicias que hasta hace bien poco no tenían rival en el ámbito del fanatismo islamista, como Al Qaeda.

El yihadismo amenaza el mundo

Es en África donde el avance de estas milicias yihadistas parece más preocupante y amenazador. En Nigeria, la guerra de Boko Haram y su líder Abubakar Sekau ha dado un salto significativo al traspasar las fronteras de Nigeria y atacar poblaciones de Camerún, Níger y Chad, en una estrategia que puede desestabilizar la zona y que está causando miles de muertos y de refugiados. De momento esos cuatro países, además de Benín, se han unido para constituir, con la ayuda de Unión Africana, la ONU y Francia, una Fuerza militar conjunta de 8.700 efectivos con la que hacer frente a los terroristas. La crueldad de éstos ha quedado de manifiesto en sus últimos ataques, en los que han degollado a civiles, incendiado iglesias y mezquitas, y han arrasado poblaciones enteras.

Aunque no está vinculado directamente al Estado Islámico, Boko Haram pretende establecer un Califato en la zona a imagen y semejanza del que rige en Irak y Siria, con la Sharia como ley. Su estrategia mediática, además, es cada vez más cercana a la de los terroristas de Irak y Siria, especialmente en el uso de los vídeos como elemento de propaganda y expansión del terror: los mensajes de su líder amenazando a Occidente, imágenes de combates y ejecuciones, etc.

El yihadismo se expande también el norte del continente, en especial en Libia. Tras la caída de Gadafi, el país está descontrolado, sumido en un caos donde proliferan alrededor de un millar de milicias fuertemente armadas y dos gobiernos que se disputan el poder, uno islamista instalado en Trípoli y otro reconocido por la comunidad internacional, paradójicamente desplazado a Tobruk.

El panorama de Libia es desolador, y muy pocos se aventuran a especular en lo que puede derivar el polvorín que es hoy este inmenso país fragmentado. De lo que nadie duda es de que se dan en él las circunstancia propicias para la expansión del Estado Islámico.

La decapitación de 21 cristianos coptos en Trípoli hace una semana fue su carta de presentación, que incluía una declaración de guerra a Egipto y la advertencia al mundo de que están a las puertas de Europa.
Como era de esperar, el asesinato de los cristianos coptos tuvo respuesta. Egipto se apresuró a bombardear objetivos yihadistas en Libia, aunque nadie sabe con certeza qué impacto causaron, ni siquiera contra qué milicia fueron dirigidas las bombas. La aparición del Estado Islámico en Libia, además, le abre un segundo frente a Egipto, que ya está amenazado en su propio territorio, en el Sinaí, por la rama egipcia del EI, el grupo Wilayat Sina.

En la comunidad internacional, por su parte, se planteó la posibilidad de una intervención militar. Esta semana, el Consejo de Seguridad de la ONU se reunió de urgencia a petición del presidente egipcio, Abdelfatah al Sisi, pero las discrepancias no tardaron en aparecer. Nadie parece dispuesto a enviar tropas al avispero libio. El objetivo, por el contrario, es crear un gobierno de unidad con el que poder comprometer la ayuda internacional para luchar contra las franquicias islamistas que propagan el terror.

En una declaración conjunta, los gobiernos de España, Alemania, Estados Unidos, Francia, Italia y Reino Unido condenaron firmemente todos los actos de terrorismo en Libia:

“El terrorismo perjudica a todos los libios y ninguna facción puede enfrentarse, por sí sola, a los desafíos que tiene ante sí Libia. El proceso liderado por Naciones Unidas para establecer un gobierno de unidad nacional brinda la mejor de todas las esperanzas para que los libios puedan oponerse a la amenaza terrorista y puedan hacer frente a la violencia e inestabilidad que impiden una transición política y el desarrollo en Libia. La comunidad internacional está preparada para dar pleno apoyo a un gobierno de unidad nacional que pueda enfrentarse a los retos que, actualmente, tiene Libia”.

En Oriente Medio, el EI sigue masacrando a la población de Siria e Irak ante la pasividad de la comunidad internacional, que bombardea objetivos yihadistas mientras cruza los dedos para que el destartalado Ejército iraquí y los curtidos ‘peshmergas’ kurdos, con su anticuado armamento, los mantengan lejos del mundo occidental.

Ni siquiera Europa se escapa de su avance, como han mostrado los últimos atentados perpetrados por “lobos solitarios” en París o Copenhague, tal y como el EI había pedido a sus seguidores en uno de sus últimos vídeos.
Las filiales de Al Qaeda siguen el ejemplo del EI

Mientras, en el sudeste asiático, el grupo terrorista vinculado a Al Qaeda Yemaa Islamiya, responsable de la masacre que causó cerca de 300 muertos el 12 de octubre de 2002 en la isla indonesia de Bali, aspira a formar un Estado islámico que integre Malasia, Singapur, Indonesia y Filipinas. Su líder espiritual, el clérigo indonesio Abu Bakar Bashir, anunció recientemente la alianza con el EI desde la prisión en la que cumple condena por recabar fondos para un campo de entrenamiento de yihadistas.

El pasado viernes, un coche bomba explotó en Somalia, en el hotel Central de Mogadiscio. El atentado causó la muerte de una veintena de personas, incluyendo el teniente alcalde de Mogadiscio y dos miembros del parlamento, y dejó más de 40 heridos . El portavoz militar de Al Shabab, Abu Musab, ha reivindicado el ataque.
Esta misma semana, esta filial somalí de Al Qaeda amenazaba a Occidente mediante un vídeo al más puro estilo Estado Islámico: “La guerra apenas comenzó, los ataques continuarán”. Y continuaba exhortando a los musulmanes a atacar centros comerciales en Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña y otros países de Occidente.

La milicia yihadista somalí consiguió notoriedad internacional tras el asalto al centro comercial Westgate de Nairobi, en Kenia, donde murieron al menos 67 personas.

Aunque muchos analistas aseguran que su ámbito de actuación está limitado a Somalia y Kenia y que carece de infraestructuras para rebasar sus fronteras, el gran impacto mediático de las atrocidades de EI podría aumentar el número de simpatizantes de la milicia somalí. De hecho, la crueldad de Al Shabab no dista mucho de la de los terroristas del Estado Islámico, incluyendo los asesinatos y las decapitaciones.

¿Al Qaeda, condenada a desaparecer?

A pesar de que el Estado Islámico es el nuevo referente del yihadismo, los servicios de inteligencia occidentales advierten de que Al Qaeda no ha dejado de ser en ningún momento una amenaza real.
Todo lo contrario: la guerra fratricida que libran en los últimos meses ambas organizaciones por el liderazgo del terrorismo internacional, que ha llegado incluso al enfrentamiento armado, convierte a Al Qaida en más peligrosa, si cabe, para los intereses de Occidente.

La guerra entre Al Qaida y EI no se ha disputado solo en el campo de batalla, sino también en otro escenario no menos importante para la yihad global: el de la propaganda a través de las redes sociales. La organización que encabeza Ayman al Zawahiri llegó a acusar al Estado Islámico de estar al servicio de la CIA y el Mossad con el argumento de que de esta forma, Estados Unidos e Israel, concentraban a todos los yihadistas en una determinada región para combatirlos mejor y, de paso, alejar la amenaza directa para Occidente.

Lo cierto es que al Zawahiri tiene difícil competir con el aura de Osama Bin Laden, y su liderazgo no convence a muchos. La batalla propagandística la está ganando, con creces, el Estado Islámico, pero en los dos últimos años, Al Qaida se ha hecho fuerte en sus feudos Yemen, Siria y más recientemente Libia.

Los servicios secretos advierten de que desde sus bases no ha dejado de diseñar y preparar atentados a gran escala que tienen como objetivo Occidente o sus intereses en África y Asia. El pasado mes de agosto, el Ejército marroquí permaneció en estado de máxima alerta y desplegó lanzamisiles y tanques en Casablanca, después de que las autoridades norteamericanas informaron de que miembros de Al Qaida habían robado tres aviones comerciales en choques armados registrados en el aeropuerto internacional de Trípoli, capital de Libia. Con anterioridad, los terroristas habían amenazado con usar los aviones para perpetrar ataques contra zonas residenciales en Marruecos, Túnez y Argelia.

Si el Estado Islámico ha logrado seguidores a través de la exhibición, vía redes sociales, de sus atrocidades en Siria e Irak, Al Qaida se dispondría a recuperar su liderazgo en la yihad global con atentados de envergadura, en el corazón de Occidente o contra sus intereses.

En los últimos meses, ha habido intentos por parte de algunas franquicias de Al Qaida, como Jabhat al Nusra, o incluso AQMI, de acercar posiciones con el Estado Islámico. Pero esta última organización, eufórica por sus avances en Siria e Irak, parece no estar dispuesta a compartir protagonismo.

Etiquetas:

Comentarios