Sobre la "democratización" de la justicia

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Se necesita contar con un sistema judicial independiente y también con jueces prudentes y con un alto sentido de lo justo para que, entre otras cosas, las cárceles no estén sólo habitadas por los más desposeídos.

Carlos Daniel Lasa

(ArgentinosAlerta.org) Las lecturas a que nos tienen acostumbrados en Argentina acerca de distintos hechos sucedidos, o que están acaeciendo (lecturas, sobre todo, a cargo de periodistas), no pasan de ser análisis de coyuntura. Pocas veces se observa un esfuerzo tendiente a desentrañar las causas( profundas de los acontecimientos para adquirir, de esta manera, una mirada que permita abarcar al hecho en su génesis, desarrollo y consecuencias.

El caso que hoy nos ocupa (o del que nos hacen ocupar) tiene que ver con la propuesta formulada desde la Presidencia de la Nación Argentina en el sentido de democratizar la justicia. En este sentido, la propuesta presidencial estaría manejando la hipótesis que la justicia argentina, tal como está configurada y tal como funciona hasta este momento, se encuentra fuera del sistema democrático. Es preciso, antes que nada, hacernos cargo del primer interrogante que se nos impone: debemos determinar qué entiende la Presidente de la República Argentina con el vocablo democracia.

La democracia moderna refiere el intento de fundar y de construir el ordenamiento y autoridad del Estado desde lo bajo hacia lo alto, es decir, a partir del singular[1]. Todas las fórmulas usadas para caracterizar la democracia así lo reflejan: “unidad (identidad) entre gobernantes y gobernados” (Schnabel; Carl Schmitt); “gobierno del pueblo a través del y por el pueblo” (A. Lincoln); “identidad del sujeto y del objeto del dominio” (Hans Kelsen); “todo el poder del Estado procede del pueblo” (art. 20 de la Constitución alemana).

De este modo, la voluntad del ciudadano instaura la única realidad soberana existente en el Estado: la ley. Fuera de ella no existe soberano alguno, ni siquiera aquellos que hayan conseguido la mayoría en una votación. Si la ley es la única realidad soberana en un Estado que se rotula de democrático, entonces será menester asegurar la existencia de un Poder absolutamente independiente, cual es el Poder Judicial, para que sea el garante de su aplicación.

Ciertamente que esta concepción no es la del actual gobierno para el cual la democracia se funda sobre el dominio o absolutismo de la mayoría. La mayoría ha expresado su voluntad la cual encuentra su unidad en la actual mandataria. Y si el único soberano, dentro de esta concepción, es la voluntad mayoritaria del pueblo encarnada en el mandatario, resulta lógico pensar que nada ni nadie (entre los que se cuenta la ley y el Poder Judicial), podrán ponerse como obstáculo frente a esta voluntad.

Ahora bien, ¿cuáles son los presupuestos que anidan en la concepción que acabamos de señalar?

El actual gobierno posee una matriz peronista. En nuestro libro titulado Juan Domingo Perón: el demiurgo del praxismo en Argentina [2] hemos intentado mostrar cómo la filosofía que configura al peronismo, la cual ha dado lugar a la existencia de una política praxista, se ha elaborado a partir de una voluntad de dominio autofundada y fundante de toda otra realidad. De este modo, el Estado debe ser la fiel expresión de la referida voluntad; en consecuencia, ninguna realidad podrá anteponerse a su cumplimiento. La vocación de esta voluntad es, obviamente, totalitaria; de allí que la violencia, ínsita en su esencia, se haya de ejercer, tarde o temprano, para enfrentar y doblegar toda libertad que no quiera plegarse a ella.

Otro interrogante se nos impone en este momento: ¿por qué esta concepción autoritaria de la política irrumpe, de modo recurrente, en la vida política argentina?

Consideramos que esta concepción autoritaria de la política no es sino la respuesta a una concepción de democracia que sólo pretende asegurar la existencia de una libertad para los negocios, al margen de todo intento de igualdad política y de justicia social. De este modo, la política argentina alterna gobiernos dominados por un espíritu autoritario y gobiernos dominados por un espíritu fenicio. La dialéctica integrativa entre libertad y justicia no se alcanza jamás.


En virtud de las afirmaciones precedentes, podemos pensar que la actual democratización de la justicia tiene por finalidad allanar el camino en el que se despliega una voluntad con vocación totalitaria (identificada, en este caso, con el actual gobierno nacional). Pero también es dado suponer que, detrás de esta propuesta formulada por el gobierno nacional, y quizás de modo totalmente inconsciente, anide el ideal de la realización de una justicia efectiva llevada a cabo por aquellos a quienes compete interpretar y aplicar las leyes en nuestro país. ¿Será éste el camino? No lo sabemos. Sí tenemos una certeza: resulta imprescindible pensar y luchar por la existencia de un Poder Judicial al margen de todo poder (no sólo gubernamental), que sea el garante de la interpretación y aplicación de la ley. Claro está que, para ello, no sólo se necesitará contar con un sistema judicial apto sino, además, con jueces prudentes y con un alto sentido de lo justo para que, entre otras cosas, las cárceles no estén sólo habitadas por los más desposeídos.

Por esta razón, en el diálogo que se inicia (esperemos que de eso se trate) será necesario interrogarse también acerca de la formación que están recibiendo todos aquellos que un día ejercerán la magistratura. Es preciso que los formadores tengan plena conciencia del gran desafío que se les presenta: ¿cómo hacer para transformar conciencias que sólo tienen un sentido de lo útil, en conciencias con un sentido de lo justo?

Publicado originalmente en ¡FUERA LOS METAFÍSICOS!

Notas

[1] Cfr. Ernst-Wolfgang Böckenförde. Cristianesimo, libertà, democracia. Brescia, Morcelliana, 2007, prima edizione, pp. 186-194.

[2] Cfr. Carlos Daniel Lasa. Juan Domingo Perón: el demiurgo del praxismo en Argentina. Bs. As., Editorial Dunken, 2012.

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Comentarios

Como siempre: ¡Excelente

Como siempre: ¡Excelente artículo! Pero tengo que decir que no estoy totalmente de acuerdo en algunos conceptos.

No es por la vía de la 'democracia' en que nuestros pueblos van a encontrar la solución, sino por el respeto al PRINCIPIO REPUBLICANO.

El sentido 'de lo justo' trasciende todo concepto de mayoría, pues los valores morales absolutos, nunca pueden someterse a las voluntades de los gobernados. Sino, pensemos en el 'crucifícalo' del pueblo de Jerusalén, convenientemente 'manejado' por el Sanedrín.

La 'democracia' sólo cobra importancia en las elecciones. Después, las mayorías se harán presentes en el Congreso o Legislaturas, para la votación de una ley. Pero no en la vida cotidiana del Pueblo soberano, por que ya este 'no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes'.

Para los ciudadanos de a pié, para el despliegue de todas las potencialidades, sólo debe existir la República o 'país de leyes'. La Constitución, ley de leyes, no consagra una Nación 'democrática', sino republicana, que reconoce al Pueblo soberano -en contra de toda tiranía o totalitarismo- una esfera infranqueable de libertad: "nadie está obligado a hacer lo que la LEY no manda, ni impedido de hacer lo que ella no prohíbe". Se llama principio de legalidad, que no tiene que ver con el gobierno de las mayorías.

Y a los totalitarismos, todos, por su propia esencia y necesidad de no tener límites, no le conviene la república, sino la democracia: "Como yo tengo la mayoría, yo tengo la razón siempre y, sin debate, puedo hacer lo que quiero", que es lo que describe la nota muy bien.

Por otra parte y aunque no soy peronista, creo que debemos dejar de decir que este gobierno es peronista. No lo es: es profundamente marxista ("por sus obras los conoceréis") y como tal, trabaja incesantemente para destruir la cultura nacional y, esencialmente, los valores católicos (Verbistky, por ejemplo).

Por no por ello, vamos a dejar de decirle a los peronistas que su gran culpa es dejarse usar, bajo la consigna que el peronismo admite extremas izquierdas y extremas derechas. Es desconocer al 'justicialismo', como tercera posición política ante estas dos 'ideologías'; pero que se ubica mucho más cerca de una concepción cristiana de la sociedad y a una opción preferencial por los pobres.

Me parece muy acertado el

Me parece muy acertado el comentario a la nota, y por el contrario la nota me parece muy mala; no hay información sobre el proyecto ni argumentos ni fuertes ni certeros en contra del mismo. 

La Constitución Nacional habla poco sobre el Consejo de la Magistratura y estipula en el art.114 que el mismo será regulado por una ley especial sancionada por la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de cada Cámara y que tendrá a su cargo la elección de magistrados y administración del Poder Judicial. Sigue diciendo que será integrado de manera que se pueda lograr un equilibrio entre los poderes políticos elegidos por el voto popular, los magistrados y los abogados matriculados, y además por otras personas del ámbito académico y científico

Con respecto a esta última frase que he subrayado creo que es donde se inicia el debate de interpretación sobre si el proyecto que plantea la presidente actual pasa o no el examen de constitucionalidad. Si el Consejo se regula por una ley que está sujeta a la Constitución, creo que no habría problema. Creo que lo que realmente me asusta y es a lo que me opongo es a que esta ley sea una manera más de utilizar uno de los poderes republicanos como manejo político al incluir como integrantes de un instituto tan importante como es el Consejo de la Magistratura (porque propone o elige a los jueces!), a personas puestas "a dedo" por posiciones políticas que se manejan con valores no respetuosos de la dignidad y vida humana... Es decir, serían "muñecos" dirigidos por posturas ideológicas afines con el aborto, etc..

Además adhiero a la postura que nos alerta de que al decir "democratización del Poder Judicial" se está frente a una falacia, ya que si se regula por ley sancionada por el voto de la mayoría absoluta de cada Cámara y los integrantes de las cámaras son elegidos por el pueblo, la democracia seguiría estando en pie. 

 

En fin, espero que se entiendan mis inquietudes en la cuestión.