Drogas: el negocio de la muerte

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Por Eugenio Burzaco
Especial para
lanacion.com

Juan M. vivía en la villa 1-11-14, tenía 16 años y era adicto al paco desde hacía un año. Comenzó a fumar porque unos pibes más grandes lo hacían y hasta hace pocos días no podía dejar de consumir la porquería unas veinte veces por día. ¿No se preguntaba qué es el paco? Esa mezcla de pasta base o lo que queda en el fondo de la olla donde se sintetiza la cocaína, adicionada con cal, harina, yeso, vidrio molido etc. entre muchas otras sustancias de corte. No pensaba si era bueno o malo, "eso" que lo tenía agarrado con desesperación, solo dejaba en su cerebro un único pensamiento "tengo que conseguir la guita para comprar", solo pensaba en "cómo". El paco le permitía a Juan huir de la realidad durante diez o quince minutos, pero los minutos posteriores al efecto eran imbancables, la compulsión por volver a consumir lo arrojaba en un estado donde cualquier método que lo hiciera posible era válido. Juan gastaba unos 200 a 300 pesos por día en droga. Al principio los conseguía vendiendo merca a los chetos, pero como muchas veces no le alcanzaba terminó vendiendo la tele, los electrodomésticos, cualquier objeto que valiera algo en su propia casa, a un ratero al que su propia madre lo echó a patadas de allí.

Finalmente "salió de caño" a hacer unos mangos y tuvo que quemar a un "careta" que no le entregó el auto. Ese "careta" se había comprado su primer auto con los ahorros del trabajo después del ascenso. Había sido papá hacía poco y su nena al día siguiente cumplía un año. A Juan lo reconocieron los vecinos porque ya había estado robando varias veces por el barrio y junto a la policía lo fueron a buscar a la villa. El trató de escapar por la canchita, ahí donde había jugado tantos picados de chico. Al verse rodeado de "yutas" y totalmente dado vuelta por la droga empezó a disparar para todos lados, cuenta su madre. Fue abatido en el enfrentamiento y su joven vida se apagó pero después de destruir otra joven vida que estaba luchando por un destino mejor.

Héctor Duque Ceballos alias "Monoteto" era el segundo jefe del Cartel de la Cordillera y había sido integrante de la agrupación paramilitar Autodefensas Unidas Colombianas. Fue asesinado de siete balazos una tarde de julio del 2008 en el estacionamiento de Unicenter junto a su compañero Jorge Quintero Gartner. Otro colombiano, Julián Jimenez Jaramillo sobrevivió "milagrosamente". Ceballos vivía hacía meses entre un departamento que alquilaba en Puerto Madero y una importante casa en un country de Pilar. Allí se encontró después grandes cantidades de dólares y varios pasaportes falsos con los que entraba y salía del país. Sobre este líder narco pesaba un pedido de extradición de Colombia y de los Estados Unidos, donde había sido enviado extraditado su jefe y líder del Cartel Carlos Mario Jiménez alias "Macaco".

Este no fue un hecho aislado. Al triple homicidio de General Rodríguez, relacionado con la causa efedrina, le siguió unos meses más tarde otro asesinato de colombianos en San Fernando atribuido a la acción de sicarios. La presencia de estos delincuentes y su modalidad de accionar, de asesinar, se produce simultáneamente a la aparición en el país de laboratorios, ya no sólo de cocaína sino también de drogas sintéticas, manejados por narcos mexicanos .Una clara demostración de cuánto han avanzado en el país las redes del narcotráfico.

Hemos pasado a ser, de un país de tránsito de drogas, a uno de consumo. Y es en las últimas etapas de elaboración de estupefacientes donde la ingerencia de los carteles y el combate por el control territorial del negocio se hace más evidente. Como describimos el narcotráfico va acompañado por la aparición de sicarios, ajusticiamientos a quemarropa, ajustes de cuentas y muertos "tirados" como advertencia. Los numerosos laboratorios de producción ya no sólo de cocaína, sino de drogas sintéticas manejado por narcos mexicanos, con su inevitable estela de coimas e influencias a lo largo de todos los estamentos del Estado, los intermediarios, pasadores, lavadores, y actividades funcionales al consumo, etc. evidencian cuanto ha avanzado este "negocio" en la Argentina. Hoy estamos inmersos en lo que los especialistas denominan la etapa predatoria del narcotráfico.

Además del narcotráfico en sí mismo, las drogas en general se relacionan con la delincuencia violenta de dos maneras. La primera producto de los efectos desinhibitorios y bestiales que producen algunas drogas en quienes las consumen y que los lleva a matar y a ejercer una crueldad ilimitada en ocasión de delinquir. Muchos robos que terminan en asesinato son consecuencia del estado de alienación y locura de quienes consumen. La otra relación de carácter sistémico, es que los adictos, en muchos casos, deben delinquir para solventar su enfermedad. La necesidad de consumir estupefacientes los lleva a todo tipo de delitos que van de transformarse en pequeños "dealers" o mulas transportadoras, a vender droga o salir a robar compulsivamente, dispuestos a todo.

En su informe anual sobre consumo de estupefacientes en América de la Organización de Naciones Unidas (ONU), la Argentina viene siendo señalada como el país de mayor consumo per capita de cocaína, y el segundo de marihuana. A su vez la iniciación ha bajado a edades impensables en el pasado, según los numerosos informes del Sedronar. Los médicos especializados en el tema señalan que a menor edad de iniciación del consumo, mayor son las posibilidades de ser adicto como adulto. Otro de los indicadores más alarmantes que surge de los últimos años de experiencia en la materia, es el enraizamiento en núcleos habitacionales precarios o villas de emergencia de laboratorios y centros logísticos del crimen organizado .Este proceso de "favelización" es similar al que se dio en Brasil hace unas décadas. En los asentamientos, cada vez más numerosos, que rodean las grandes urbes del país, en los que el estado no está presente en materia de seguridad, ni de infraestructura urbana mínima necesaria, quienes regulan la vida y las relaciones sociales son los narcos.

Son muchas las medidas a tomar contra este flagelo. Una muy importante, por el volumen de mercadería que penetra por nuestras fronteras, es la radarización íntegra del espacio aéreo y la informatización y colocación de escáners en todos los pasos fronterizos. También es clave poner un mayor foco y coordinación entre fuerzas federales y provinciales y la colaboración e intercambio de información con los países de la región, para así actuar con más eficacia ante el crimen trasnacional. Simultáneamente trabajar en lo micro, en las redes de comercialización minoristas, en los boliches, cíbers y kioscos donde frecuentemente se vende drogas a los más jóvenes. Combatir la "glamourización" de las drogas en el mundo del entretenimiento y la TV.

Si queremos reducir el crimen violento quienes tenemos responsabilidades públicas debemos asegurarnos que las diversas fuerzas del orden deben estar preparadas, equipadas, capacitadas y predispuestas para actuar a fondo contra las bandas. Monitoreadas para no ser permeadas por el dinero del negocio ilegal y estas acciones deben coincidir con un intenso accionar preventivo. Es muy importante también que la Justicia actúe con firmeza, transparencia y celeridad frente a la ola de inseguridad que sobrecarga juzgados y fiscalías y se revise su responsabilidad junto a las diversas legislaturas en el excarcelamiento a delincuentes violentos y reincidentes. Pero es en la prevención de las adicciones donde resultan mas claras las responsabilidades del Estado e incluyen a la comunidad toda en su voluntad de dar batalla a las drogas en todos los frentes. La sociedad en su conjunto debe reclamar una sociedad más igualitaria, con mejor educación y valores y generar oportunidades para los millones de jóvenes argentinos que hoy no estudian ni trabajan.

La complejidad del panorama no debe ser cortina de humo que oculte la amenaza letal que avanza sobre la destrucción misma del Estado como garante de la seguridad ciudadana. Caso contrario en pocos años la Argentina tendrá niveles de criminalidad similares a los de Brasil, Venezuela o Colombia. La proyección de las pocas estadísticas fiables que hay en el país y varios indicadores internacionales sumados al análisis del estadío de evolución en que se encuentra el crimen organizado en la Argentina, me permite hipotetizar que aún estamos a tiempo de revertir la actual tendencia con el accionar correcto. Pero también que sin medidas contundentes, sistemáticas y permanentes en el tiempo pronto tendremos niveles de criminalidad endémicos.

Los argentinos que amamos nuestro país y nos importa su futuro que es también el de nuestros hijos, no podemos sólo estremecernos ante el delito. Debemos actuar y reclamar para que éste sea combatido en todos los frentes.

El autor es Jefe de la Policía Metropolitana

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